Pepe

Pepe tiene 51 años. Hace treinta que trabaja en el Cementerio de la Chacarita en Buenos Aires, Argentina.

Cuida las sepulturas, las plantas y de alguna manera a la gente: los atiende y los escucha. A uno que acaba de llegar, le prepara la regadera con agua. ¿Necesitás algo más? ¿Las tijeras? Lo saluda con un abrazo.

Pepe conoce las flores y sus nombres. Las que se secan pero no se marchitan, las que mejor resisten a la intemperie, y las que se comen las cotorras con gula dejando un caos de pétalos.

Pepe sabe también que son cada vez menos los que visitan el cementerio y que la cremación está en boga. Las cosas están cambiando.

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